jueves, 19 de marzo de 2015

De la C a la C (17) La redención del villano

¡Hola! Voy a decir desde el principio que todo lo que voy a decir a partir de aquí es mi (no tan) humilde opinión, así no tengo que decirlo continuamente después. Ahí va mi primera opinión polémica: Las series de dibujos animados japonesas (anime) son muchísimo mejores que las series americanas. 

Ahí va una exposición de motivos: Están casi siempre basadas en cómics (eso siempre es mejor. Todo lo basado en un cómic es mejor. Eso es asín), no tratan al público como si fuera tonto aunque sean para público infantil, cuentan historias largas y trabajadas en vez de ser capítulos autoconclusivos, tienen más acción y, aquí quería yo llegar, los villanos son mucho más interesantes. Más allá del típico villano “Voy a conquistar el mundo para conquistar el mundo y tener el poder absoluto y así conquistar el mundo” los antagonistas del manga (y por tanto del anim” suelen tener un trasfondo y son, no vamos a engañarnos, mucho más guays. Tan guays, de hecho, que suelen acabar como personajes secundarios que luchan del lado del protagonista. Y por estos motivos a una generación a la que nos daba ya bastante igual los Picapiedra o los Diminutos nos pusieron en la tele los Caballeros del Zodiaco y FLIPAMOS. Y a todos nos flipaba Ikki, Caballero del Fénix que empezó siendo un villano.

Y llegó Bola de Dragón y también flipamos

Y una de las cosas curiosas de Bola de Dragón es que prácticamente todos sus personajes principales empezaron como antagonistas de Goku: Yamcha, Ulon, Puar, Krilin, Ten Shin An y Chaozu, Píccolo, Vegeta…

 En todos  los manga que he leído hay por lo menos un antagonista que se pasa al lado del prota, o por lo menos no se me ocurre ninguno en el que no. Naruto, Bleach, One Piece, Dragon Quest…

En el cómic americano es una situación que se da bastante menos, pero también se da. En la llamada “edad de oro” de los cómics (1930-1950) no existía en absoluto, hasta que llegó un señor en 1965 y cambió todo. Un tal Stan Lee. Lo mismo os suena. En mayo de ese año Stan Lee hace uno de sus movimientos más arriesgados en una de las series más importantes de Marvel: Los Vengadores. Los primeros 15 números de los Vengadores que han salido anteriormente están protagonizados por el primer grupo de vengadores, es decir todos los grandes superhéroes que Stan Lee creara con Jack Kirby: Iron Man, el Hombre Hormiga y la Avispa, Thor y Hulk. Con un par de cambios: En el segundo número Hulk deja los Vengadores (tardaría muchísimos años en volver oficialmente), en el mismo número el Hombre Hormiga pasa a ser el Hombre Gigante y en el número 4 (uno de los más importantes de la historia del cómic americano moderno) Stan Lee recupera a su superhéroe favorito de todos los tiempos: 

El Capitán América. En todo caso, eran todos primeros espadas de la editorial. Y llega el número 16 y Stan se vuelve loco. Así que todos los miembros originales de los Vengadores dejan el grupo y solo se queda el Capitán América. Necesitan nuevos héroes para reemplazar a los que se van. ¿Y a quién escogen? A tres supervillanos: Ojo de Halcón, la Bruja Escarlata y Mercurio. 


Este arriesgado cambio de formación enfadó a muchos lectores los primeros días, pero fue ganándose su cariño en poco tiempo. Y supuso el origen de una larga tradición: Los villanos redimidos como miembros de los Vengadores. El Espadachín, el Hombre Maravilla, la Visión o la Viuda Negra empezaron como villanos.

Así que los villanos redimidos en Marvel siempre llegaban a los Vengadores (excepto los mutantes, que se iban a los X-Men como Pícara o Magneto) hasta que llegó…


El primer número de Thunderbolts fue un shock para los lectores. Se publicó en 1996 después del crossover “Onslought” que terminó con la mayor parte de los superhéroes Marvel dados por muertos. Y aparece Thunderbolts, que se publicita como un grupo de superhéroes como otro cualquiera. Muchos lectores leyeron el primer número, descubriendo a los nuevos personajes, cuando de repente, al llegar a la última página, descubren que en realidad estos nuevos superhéroes son un grupo de villanos conocidos como los Amos del Mal disfrazados (Sí, los amos del mal. En los 60 los nombres no eran muy sutiles, como la Hermandad de Mutantes Malvados puede asegurar). A lo largo de los siguientes  números algunos de estos villanos le fueron cogiendo el gusto a eso de hacer el bien, acaban echando a su líder (el Barón Zemo) y se convierten en héroes por derecho propio.  Desde entonces hasta hoy ha habido varias encarnaciones del grupo pero siempre con esa premisa de supervillanos haciendo el bien. Ha tenido varias etapas gloriosas, así que si nunca habéis leído Thunderbolts ya estáis tardando. A mí me gusta especialmente la penúltima, con Luke Cage a los mandos.

Así pues podemos decir que Marvel tiene una larga trayectoria de villanos redimidos (Echadle un ojo a la serie de Loki si aún no se lo habéis echado) pero, ¿Qué hay de la otra grande americana?

Yo diría que en DC este cambio es menos común, salvo honrosas excepciones como Catwoman, pero hay una serie tan buena que creo que compensa:


Los Secret Six han sido 3 grupos distintos de DC, siempre comandados por un personaje en la sombra llamado Mockingbird y siempre siendo, efectivamente, seis miembros. Las dos primeras versiones no tuvieron demasiado éxito. Pero en 2005 se cambió totalmente el concepto y los Secret Six fue recreado por el guionista Gail Simone esta vez formado por 6 supervillanos, tres ya existentes en el Universo DC (Catman, Deadshot y Cheshire) y tres creados para el evento. Este grupo sí ha tenido un gran éxito, series limitadas e incluso una serie regular. No me atrevo a asegurar que sean villanos redimidos (lo mismo pasa con algunas versiones de los Thunderbolts), pero desde luego sí son presentados en muchas ocasiones con actitudes heroicas. 

En fin, lo que quiero traer a colación es que los villanos de una historia deberían ser siempre por lo menos tan interesantes como el protagonista. De hecho yo prefiero decir “antagonista”. 

Porque los buenos personajes son profundos, y los personajes profundos nunca son unidimensionales (“Hago el mal porque el mal y hay que acabar con el bien”) De hecho, pelearé de forma agresiva con el que no reconozca que el mejor antagonista de Marvel es el Dr. Doom. Y los personajes interesantes atraen al público, así que es normal que los quieran ver en las actitudes normalmente interpretadas por los protagonistas. ¡Así que disfrutad de los “buenos” malos mientras podáis, que nunca se sabe cuándo le va a cambiar el chip!

Aquí nos veremos la semana que viene (si queréis) hablando de cualquier otro tema relacionado con el cómic. Hasta entonces ¡Muchas gracias por leerme!

EXCELSIOR!