domingo, 22 de marzo de 2015

[Reseña] BATMAN. LA BROMA ASESINA (Alan Moore / Brian Bolland)

    Lo bueno que tienen las redes sociales es que es una herramienta que convierte en viral, cualquier asunto, por importante o nimio que pudiera parecer. Ésta semana ha habido una amplia polémica por la portada alternativa de Batgirl #41, obra de Rafael Alburquerque, en la que Joker sostiene a una aterrorizada Batgirl al tiempo que le marcaba con sangre su característica sonrisa en la cara. Una portada terrorífica que fue inmediatamente retirada por DC a petición del propio Alburquerque vistas las amenazas surgidas en determinados colectivos por hacer vejación de la mujer y posible incitación al maltrato. Alburquerque no pretendía más que homenajear y hacer un guiño al clásico de los 80, La Broma Asesina.

    Así que, esta semana nos hacemos eco de esta noticia y aprovechamos la coyuntura para hablar de una de las obras más escalofriantes que ha dado el cómic de superhéroes y de Batman en particular.

Batman. La Broma Asesina es uno de los títulos fundamentales del Caballero Oscuro y que en los 80 supuso una renovación importante para el medio. Junto a Batman, Año Uno y El Regreso del Señor de la Noche, componen la triada que generó profundos cambios en el personaje y que inició la etapa más adulta del género superheroico (considerado cosa de niños hasta entonces) y que ya remató Watchmen como obra cumbre.

   Sobradamente conocida por todos los aficionados al noveno arte (es una de esas obras que no debe faltar en ninguna tebeoteca), La Broma Asesina supuso un revulsivo importante al tratar temas como la locura y la particular relación del Bien y el Mal. Un argumento complejo en su sencillez, que encierra múltiples facetas y que, a pesar de su corta longitud (son escasamente 46 páginas), es una historia densa que incluso ha sido ampliamente estudiada en diversos ámbitos como paradigma de la caída en la locura.

   El eje argumental en sí se centra principalmente en el Joker y muestra sus orígenes y como llegó a convertirse en el Príncipe Payaso del Crimen, centrándose así mismo en el Comisario Gordon y la integridad que éste representa en contraposición a la locura psicopática del Joker.

   La historia comienza con una visita de Batman al Asilo Arkham para debatir con el Joker sobre el futuro que le espera a ambos si sigue esta espiral de enfrentamientos continuos y que sólo puede llevarles a la muerte. En ese momento descubre que la persona con la que hablaba no es el auténtico Joker sino un señuelo que cubría su huida. El Joker ha puesto su vista en un viejo y destartalado parque de atracciones que remite a su pasado remoto donde era un comediante sin éxito, pusilánime y patético, con múltiples deudas y una mujer embarazada. Poco después hace una visita al apartamento del Comisario Gordon donde, en una de las escenas más escabrosas de la historia del cómic, dispara a su hija Bárbara a quemarropa, quedándola paralítica en el suelo y llevándose a un traumatizado James Gordon. Siguiendo con los flashback, el joven Joker se asocia con unos delincuentes para robar en una empresa de productos químicos y pagar así sus deudas y sacar a su mujer de la penuria. Al enterarse de la muerte de esta en un accidente doméstico decide dejar el robo pero es obligado por sus socios que lo usan como peón al ponerle una capucha roja que de notoriedad al robo. El plan no sale bien ya que el lugar estaba fuertemente vigilado y sus compinches caen en el tiroteo. El Joker, perdido tras la muerte de su esposa y medio cegado por la capucha roja, se enfrenta a Batman y cae a un depósito de productos químicos, de la que sale convertido en el Príncipe Payaso del Crimen y ya totalmente desquiciado.


   En el parque de atracciones, en el momento actual, Joker plantea al Comisario Gordon su plan de atraerle a la locura indicando que un mal día puede volver loco a cualquiera. Torturando a Gordon física y emocionalmente, le muestra fotos de su hija herida y desnuda para romperle psicológicamente. Batman sigue la pista del Joker hasta el parque. Tras liberar a Gordon, este, deshecho anímicamente le indica que detenga al criminal acorde a la ley ya que ésta es la victoria de la razón frente a la locura. El enfrentamiento final del Joker y Batman se muestran como las dos caras de la misma moneda y como ambos son diferentes respuestas del destino a una misma tragedia.

   La obra, como se puede ver, es densa en su planteamiento y en los diferentes enfoques que encierra. Tiene como eje central el clásico enfrentamiento entre el Bien (representado aquí por James Gordon, no por Batman) y el Mal (con un Joker pasado de vueltas). También muestra la caída en la locura del Joker, al perder a su esposa embarazada y  que, junto a la caída al depósito de residuos químicos, le convirtió en un ser desquiciado que se deja llevar por sus impulsos, perdiendo la razón y la cordura en el camino. Intenta demostrar que un mal día puede doblegar a cualquiera en la persona más íntegra de Gotham, el Comisario Gordon, mostrándole que un suceso traumático, como es ver como disparan y abusan de su hija, puede acabar con la psique del más pintado. Sin embargo Gordon no cae y mantiene, a pesar de todo el horror que le rodea y muestran, su integridad a salvo.


   El Joker, tras varias décadas desde su primera aparición, carecía de un pasado definido y aquí se nos muestra como un hombre fracasado, incapaz de sacar adelante a su familia y que se dejó llevar por la ilusión de ser comediante, dejando atrás un trabajo bien remunerado en la planta química y olvidando sus obligaciones maritales.

   La obra ha sido objeto de continuos y concienzudos análisis psicológicos que estudian no sólo la particular psique del Joker, sino así mismo del propio Batman. Ambos personajes, contrapuestos entre sí, guardan similitudes en su origen, el asesinato de los padres de Bruce Wayne y la muerte de la esposa del Joker, que sin embargo les lleva por caminos diferentes. Dos respuestas opuestas al dolor, la tragedia y la pérdida, que sin embargo no hacen sino preguntarnos si Batman no estará tan loco como el Joker pero con otro rumbo distinto.

   Es prácticamente imposible mostrar tanto en tan poco espacio y es así gracias a la particular visión empleada por Alan Moore, por mucho que ahora reniegue o no se encuentre totalmente satisfecho con ella. De Moore sobran las palabras y las semblanzas, es un personaje en sí mismo que nos ha regalado las mejores obras que ha dado el noveno arte. Watchmen, V for Vendetta, From Hell… y así seguiríamos, pues su bibliografía es Historia de los Cómics.

   Brian Bolland es igualmente una leyenda de la historieta que se inició en 2.000 A.D. con tebeos del Juez Dredd para luego regalarnos esa interpretación futurística de la leyenda artúrica que es Camelot 3.000. Bolland realiza aquí un trabajo que continúa el estilo narrativo empleado por Dave Gibbons en Watchmen, no obstante, el propio Alan Moore reconoció que La Broma Asesina fue escrita a posteriori de ésta por lo que guarda muchas similitudes tanto estética como narrativamente con su obra cumbre.


   La Broma Asesina ha sido objeto de numerosas reediciones tras su publicación inicial en 1988, la última de las cuales, con motivo de su 20 aniversario, fue revisada y recoloreada por el propio Bolland para mantener el espíritu con el que fue originalmente planteada.

   Batman, La Broma Asesina es una obra de arte en sí misma. Un viaje por lo más profundo de la psique humana y las distintas consecuencias que puede traer un día trágico en diferentes personas. Un relato estremecedor que no puede dejar indiferente a nadie.