domingo, 8 de marzo de 2015

[Reseña] INDIANA JONES Y LAS LLAVES DE ATLANTIS (Dan Barry / William Messner-Loebs)

    Durante toda su historia, el cine se ha nutrido de otras artes para desarrollarse y buscar argumentos interesantes. Desde la Biblia hasta el último best seller erótico festivo, los libros han sido una fuente inagotable del que las productoras y directores de cine se han nutrido en busca de inspiración o directamente adaptando muchos de sus títulos. El cómic no iba a ser menos y, desde el principio del cinematógrafo, se ha convertido en uno de los recursos más buscados por grandes y pequeños estudios para mostrar sus historias más destacadas.

   Y también ha existido el camino inverso, personajes e historias surgidos originalmente del celuloide que han tenido también su traslación a historias entre viñetas. 

  A principios de los años 90 del siglo XX, una emergente editorial de nombre Dark Horse decidió pagar los derechos de franquicias de varias sagas cinematográficas muy exitosas y en boga por entonces para llevarlas al cómic. Así empezó a publicar en miniseries autoconclusivas (un inteligente recurso que ataba a los lectores en historias finitas pero que creaba legión de seguidores), tebeos protagonizados por Aliens, Terminators y Predators en relatos que, unas veces más, otras menos, mantenían un nexo en común con las películas originales en que se basaban. El acuerdo estrella llegó de la mano de Lucasfilm, que vendió los derechos de su popular saga Star Wars para que los dibujantes y guionistas del Caballo Oscuro dieran forma y ampliaran el Universo Expandido de la saga galáctica, tras los pobres resultados creativos que había sufrido en su paso por Marvel.

   En el paquete también iba cierto arqueólogo americano de sombrero de fieltro, cazadora raída y látigo rápido.

   Indiana Jones nació originalmente como homenaje de George Lucas a los seriales clásicos de los años 30 y 40 y a los deseos de Steven Spielberg de dirigir una película de James Bond. En una soleada playa de Hawai, ambos amigos digerían el éxito de sus últimas producciones con vistas a nuevos proyectos y Lucas le habló a Spielberg que él tenía en barbecho un guión de un arqueólogo que corría mil aventuras por parajes exóticos y siempre rodeado de bellas mujeres, que podía pasar por el mismo 007 (el guiño vino en Indiana Jones y la Última Cruzada cuando resulta que el mismísimo James Bond -Sean Connery- resulta ser el padre de Indy). Un homenaje a las viejas películas de entretenimiento que podría inaugurar una nueva saga cinematográfica. No hay que decir que Spielberg se entusiasmó con la propuesta.

   De ahí, al éxito. En busca del Arca Perdida fue el inicio de una tetralogía fílmica, una serie de t.v. (Las aventuras del joven Indiana Jones) y un posible y futuro reboot. Pero también tuvo su salto a los cómics en Marvel, que se ocupó de adaptar las películas y mostrar nuevas historias en la que puso mucho empeño pero poca creatividad, lo mismo que le ocurrió con la colección de Star Wars.

Dark Horse recogió el testigo. Siguiendo su pauta de series limitadas, buscaba un argumento contundente que tuviera la espectacularidad de lo visto en pantalla grande y se acercó a cierto videojuego que LucasArt tenía en ese momento, para adaptar su argumento al cómic. El videojuego se titulaba Indiana Jones and the Fate of Atlantis, una aventura gráfica en la que Indy recorría mil aventuras en la búsqueda de la Atlántida.

   Para perfilar la primera aventura gráfica de Indiana Jones en la editorial, Dark Horse recurrió a un dibujante clásico, una leyenda del cómic que había desarrollado toda su carrera en las tiras de prensa con las series de Tarzán y, sobre todo, Flash Gordon (al que redefinió con una estética más cercana al sci-fi que a la fantasía), Dan Barry. A cargo del guión estaba William Messner-Loebs, solvente escritor que ayudaba a sintonizar las ideas del videojuego y las propias de Barry para mantener el estilo narrativo propio de las películas. Igualmente destacadas son las portadas realizadas por Dave Dorman, que no le van muy a la zaga de las del propio Drew Struzan.

   Indiana Jones y las Llaves de Atlantis nos muestra al Dr. Henry Jones Jr. enfrascado en sus quehaceres diarios como profesor universitario, cuando recibe la visita del misterioso Samuel Corn, que le muestra una llave con el fin de determinar su procedencia y que lleva a Jones a descubrir una serie de artefactos relacionados entre sí y que encierran un enigma histórico. Con la ayuda de la deliciosa Sophie Hapgood, antigua amante metida a clarividente y del siempre dispuesto Marcus Brody, con los nazis pisándole los talones, Indiana Jones inicia una carrera contrarreloj por diversas partes del mundo para encontrar el continente perdido de la Atlántida, donde también reside una fuente de energía y poder que rivalizaría con la atómica.

   En ésta miniserie de cuatro números (publicada en España por Norma Editorial en 1991 y posteriormente recogida en el Omnibus 1 de Indiana Jones, en 2009), Dan Barry, que contaba entonces 70 años, dio el salto de las tiras de prensa al comic book, en el que sabe moverse con especial fluidez, a pesar de las diferencias en ambos medios. Dan Barry juega con su estilo clásico para una aventura que mantiene la esencia propia de las películas así como su vertiginoso ritmo aventurero, sin desdeñar la historia que cuenta y con una excelente labor de documentación detrás (por fin Indy visita España sin que parezca que se está dando un paseo por México).
   Dan Barry era un dibujante de la escuela clásica, de trazo limpio y cuidado, con especial querencia por los claroscuros, pero sin la espectacularidad que tenían sus coetáneos más jóvenes en la época. Así, nos regala una de las mejores aventuras gráficas de Indiana Jones y de la que bien podía haber tomado nota George Lucas adaptándola al cine, en vez de dejarnos esa inmerecida continuación de la trilogía clásica que es Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal.

   Indiana Jones y las Llaves de Atlantis es un merecido homenaje desde el cómic al eterno arqueólogo y a un modo clásico de hacer historietas que ya no prolifera últimamente. Una amena lectura que se puede hacer al son de la banda sonora de John Williams.