jueves, 18 de junio de 2015

De la C a la C (26) ¡Todos locos!

¡Hola! Perdonad que no haya habido de la C a la C estas últimas semanas. He tenido problemas de agenda. Que no la encontraba, vaya. Cuando la he encontrado ya he visto que no tenía nada que hacer excepto escribir esto. Así que vuelvo. ¿Y sobre qué puedo escribir para que me perdonéis por la ausencia? La respuesta estaba muy clara en mi mente: Voy a poneros a todos a parir.

Empiezo: ¿Pero qué +*#”ç nos pasa a los frikis?

Hace unas semanas he estado en Barcelona por motivos semiprofesionales. Tenía un día libre, así que junto a mi novia (que es friki) y otro amigo nuestro (que es friki) aprovechamos para hacer una visita relámpago a la ciudad. Y en un momento dado, cansado de ver cosas bonitas y turistas (soy de esas personas que dicen “Qué asco, cómo está todo esto de turistas” como si yo no fuera uno de ellos), les obligué a ir al Triángulo Friki, que es el equivalente barcelonés a la calle Luna de Madrid: Un montón de tiendas de cómics en un espacio muy reducido. Mi cielo particular.



Yo me crié en Cáceres como un yonki de los cómics incapaz de conseguir mi dosis. Cuando yo era un mozuelo las tiendas de cómics aquí eran una entelequia. Solo había dos formas de comprar tebeos: En la feria del libro (que antes tenía sentido y podías comprar cosas como cómics de segunda mano, en vez de ser como ahora que consiste en que las librerías se lleven a unos puestos sus escaparates) o en algunos kioskos. En esos kioskos, por supuesto, al mes siguiente no iba a estar el próximo número. Jamás conseguí completar ni una mala serie limitada de 4 números.

Así que entro en una de estas tiendas y me pongo malito pero para bien. Mil millones de cómics, desde el mainstream más mainstream hasta la novela gráfica más underground escrita por un colega del dueño. Y libros sobre dibujar y escribir cómics. Y merchandising y hasta algún juego de rol y otras cosas que me ponen palote. Atravieso la puerta henchido de ilusión y deseando ser rico. “Buenas tardes”, decimos amablemente al entrar al chico que está en el mostrador. Silencio. Ni siquiera un levantar un poquito la cabeza. Nos ponemos a ver cómics, se me hace la boca agua. Veo Temeos con sus colaboraciones de Gol, el integral de Blacksad y otras cosas que me ponen los dientes largos. Pero como me quedan muchas tiendas por ver y soy pobre me voy sin comprar nada. “Hasta luego”, decimos al salir. Silencio. Y ni un levantar la cabeza. Si me lo permitiera mi ética hubiera vuelto a entrar y me hubiera llevado un puñado sin decir ni pío, no creo que el maniquí se hubiera dignado en hablarme para decirme que eso es robar.



Entramos en 5 tiendas y nos llevamos un puñado de cómics y algún libro. Y los pagamos, ojo. No conseguimos ni un saludo ni una sonrisa. Uno de los chicos que nos atendió en una de las tiendas nos dedicó dos frases, las dos muy bordes. Ojo, que no se le notaba maleducado. Se le notaba friki. Lo que me lleva a mi pregunta inicial: ¿Qué +*#”ç nos pasa a los frikis? Porque no eran solo los dependientes, toda la gente que estaba dentro de las tiendas tenía el mismo rollo.

Los frikis somos unos bordes. No me gusta generalizar, pero a veces toca. Y ojo, que no solo estoy rodeado de ellos, también soy uno. Me encantan los cómics (¡Sorpresa!), soy miembro de la Sociedad Tolkien Española, llevo unos 20 años jugando al rol (Hasta conocí a mi novia jugando al rol en vivo. Lo que es sorprendente, porque está muy buena)... Y hay un tipo de friki que se repite continuamente. Sus características son las siguientes: El 90% de sus conversaciones son sobre temas frikis, jugando al rol suele escoger personajes malvados, cree que es mucho más inteligente que todos los demás y hasta suele tener un grupito de acólitos que se lo confirma (por un tiempo, por lo menos) Otra característica es que yo no los soporto. Por su necesidad continua de reafirmar su superioridad frente a los demás.

Y todos sabemos cómo somos los comiqueros. A los que les gusta la novela gráfica europea miran por encima del hombro a los fans del cómic de superhéroes. Estos miran por encima del hombro a los que leen manga y estos a los que se compran cada historia nueva de Mortadelo o Superlópez. Y a todos nos jode igual que los que no leen cómics pero sí novelas nos miren por encima del hombro a todos los demás. El peor círculo vicioso de la historia.



De hecho yo creo que de ahí vienen todos los males. De los complejos. La nueva generación no lo sabe, pero cuando yo era un muchachete ser un friki no estaba bien visto. Muchos de los chavales que se enganchaban a las consolas, los cómics o los juegos de rol eran parias sociales. No tanto como en las películas americanas, pero parias. Así que quizá solo sea una cuestión de sobrecompensación. Pero una bastante estúpida. Porque estar orgulloso de lo que te gusta es algo bastante estúpido. No tiene mérito, no conlleva ningún esfuerzo por tu parte. Es como cuando la selección de tu país gana un partido de fútbol y tú dices “¡Somos buenísimos!” (en contraposición al “Qué malos son” cuando pierden) Y también me parece estúpida porque si te gusta algo, por ejemplo los cómics, lo que deberías pretender es que haya más gente a la que le guste, que aumente el mercado para que más cómics lleguen a las tiendas y tú tengas más variedad para comprar.

En fin, que ser friki no tiene nada de malo, pero tampoco nos hace mejores que nadie. Que ser antipático o maleducado deja de hacerte parecer guay en cuanto cumples los 15 años. Que el motivo por el que los hobbies son la leche es que nos lo pasamos bien con ellos. Que si tienes una tienda es mucho más fácil que los clientes te compren cosas si eres simpático y hasta puedes convencer a alguno de que compre algo más con tus recomendaciones (el poder de la comunicación) Y que ya sé que no todos los frikis somos así, pero qué carajo, algún día hay que levantarse, alzar la cabeza y decir bien alto “¡Acho, estás muy tonto!” ¡Vamos a celebrar cada nuevo friki en vez de pensar “Bwah, este se ha comprado una camiseta del Capitán América porque ha visto la película de los Vengadores”! ¡Vamos a ir a salones del cómic y comprar cómics e ir a presentaciones de cómics en vez de quejarnos de que hay más otakus que lectores!



Bueno, lo dejo aquí que ya os he dado bastante la brasa. Por cierto, en las dos últimas tiendas cacereñas en las que he comprado tebeos no he tenido este problema, han sido encantadores. Ese es el camino. Perdonad si hoy he sido especialmente dogmático, la semana que viene prometo hablar de algún tema en el que no pueda meter mi opinión. Hasta entonces: ¡Gracias por leerme! ¡Y perdón por el retraso! ¡Y por haber tardado!

EXCELSIOR!